La bulería va en un compás de doce tiempos, y lo que lo define no es el número sino dónde caen los acentos. Así es como yo lo escribo, con las cifras en negrita marcando los pulsos fuertes:
1 2 · 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10
Los golpes no están repartidos de forma regular: hay tramos de tres tiempos y tramos de dos, alternándose. Es exactamente lo que le da ese vaivén que la hace inconfundible, y también lo que la vuelve tan resbaladiza al principio.
Es un compás de amalgama: el sistema rítmico propio de la soleá, pero a bastante más velocidad, casi al doble. Por eso quien domina el compás de doce en un palo lo tiene medio ganado en los otros.
Y una cosa que te va a ahorrar disgustos: por la flexibilidad de este cante, cuando se bailan bulerías festeras yo recomiendo llevar la palma a seis tiempos. Es el mismo ciclo contado por la mitad, y de entrada se sigue muchísimo mejor.