La escuela online
La creé para acercar el flamenco a quien no puede desplazarse hasta España. Es a lo que dedico la mayor parte de mi tiempo.
Versión de desarrollo. Ni el contenido ni el diseño son definitivos todavía.
Bailaora, maestra y artista textil
Nací en Madrid y vivo en Granada, donde doy clases presenciales, bailo y hago mantones. Y desde aquí enseño flamenco al resto del mundo.
Mis padres dicen que con tres añitos me quedaba embobada viendo bailaoras en la televisión, y que siempre me ponía a imitarlas. A esa edad aprendí las sevillanas.
Después vinieron los estudios de danza española y por último el flamenco, que me llenó por dentro y ya no pude parar.
Empecé bailando en bares y peñas. Más tarde llegué a los tablaos y a las cuevas de Granada. Y acabaron llamándome para dar clase en la misma escuela donde yo había estado estudiando.
Tengo espíritu aventurero, así que me pasé años viajando para estudiar con los mejores maestros de cada ciudad.
Ya tenía el trabajo que tanto había deseado, ese con el que expresarme desde el corazón. Pero un mal pisotón, una mala acción, me hizo parar: una lesión muy fuerte en el pie y muchas horas de reflexión sentada en una silla.
Fueron momentos duros. De parar, descansar, respirar y volver a encontrarme con el flamenco desde otro sitio.
Como no podía bailar, me dediqué a escuchar. A conocer el cante a fondo y analizarlo, a recoger sus claves y ordenarlas para saber improvisar. Y, sobre todo, para poder enseñárselo a otras de la forma más fácil posible.
Así nació el método Ole Tú!
La creé para acercar el flamenco a quien no puede desplazarse hasta España. Es a lo que dedico la mayor parte de mi tiempo.
Sigo bailando en Granada, y viajo a dar clase allí donde me llaman. Aprendo muchísimo cada vez que voy a otra escuela.
Diseño y coso mantones para bailar o para vestirse en una ocasión especial. Es mi otra forma de expresarme: con el cuerpo bailando y con las manos bordando.
Me encanta enseñar. Siento una gran satisfacción cuando veo que una alumna mejora, y sigo aprendiendo con cada una.
Lo más importante para mí es aprender a escuchar a quien tengo delante: cómo mira, cómo aprende. Solo así sé cómo inspirarla en cada momento y conseguir que crea en sí misma lo suficiente como para empezar a crear.
En todos estos años como profesora he aprendido que enseñamos lo que somos, no lo que sabemos.